He aprovechado al máximo mi trabajo. Me di cuenta de que no podía dejar que la muerte de mi esposo me afectara tanto, olvidando mis deberes con mi pueblo. Sabiendo lo mucho que puedo ayudar no puedo ocultarme en mi casa y apartarme del mundo exterior, dejando a miles de judíos en las manos de la Inquisición. El negocio familiar de los Mendes me ha dado la oportunidad de brindar aún más ayuda de la que me creía capaz de ofrecer. Hasta ahora solo había logrado ayudar a unos cuantos judíos conversos a escapar y evitar ser arrestados por herejes, pero ahora se que podré ayudar a muchos más conversos y marranos. Por esta razón he decidido mudarme. Mi hija y yo nos hemos establecido ahora en Venecia. Espero mis esfuerzos para con mi pueblo sean de ayuda…
Saludos… Gracia Mendes.
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